La vida en seria (no en serie)

Desde que mi cara comenzó a tener forma, hace más de veinte años, he tenido que soportar una dosis de comentarios diarios acerca de mi seriedad: sarcasmos, reproches, comentarios idiotas nivel uno y preguntas estúpidas nivel dos. Aquí una muestra: “hoy estás muy de buenas ¿no? (sarcasmo)”, “eres como la esposa perfecta, desde que amanece ya estás de jeta”, o “con esa cara seria no conseguirás novio”, “¿estás enojada…?”.

Las respuestas ya están aprendidas: al que sarcásticamente me dijo que estoy muy de buenas le respondí -también con sarcasmo- que no, que estoy muy muy de malas, encabronada nivel ocho; al autor de lo de la esposa perfecta le dije que sí, que efectivamente tengo ese skill incluido en mi perfil de Linkedin (por eso de si hay algún interesado); al del novio pues ¿qué le digo? Que efectivamente, mi carota seria es una máscara para espantar; y al último, pues nada, lo mismo que al primero: que sí, que la vida me hizo enojar.

Cuando de verdad amanezco de malas, lo cual es muy raro, cualquier comentario sobre mi seriedad me cae pésimo, pero en los días normales me doy una buena divertida respondiendo todas las burradas que me dicen sobre el estado de mi cara: a veces invento todo un choro para explicar mi supuesto encabronamiento y de paso meter al interlocutor en la historia: El cuento comienza siempre igual:

-¿Estás enojada?
-¡Sí, no inventes! Empudadísima…
-¿Neta, y por qué?
-Pues es que tú… ¡No me hablaste en todo el fin de semana! ¿Así pues cómo quieres que esté de buenas?

Otro caso:

-Estás muy seria, ¿qué tienes?
-Pues ya ves, eso de estar viendo en Facebook que gente como tú anda bien feliz por la vida mientras uno tiene mucho trabajo me pone realmente mal.

Me han tocado dos o tres que luego sí se creen las tonterías que les digo, pero pues ya conocen el dicho: A preguntas babosas, respuestas babosas.

Ser seria en un mundo que exige mujeres sonrientes las 24/7 es algo complicado, antes me afligía bastante, intentaba sonreír más, pero no me salía, así que llegué a la conclusión de que es mejor una cara seria neta que una sonrisa fingida, finalmente no todos podemos ser iguales ni estar sonriendo siempre como si tuviésemos bótox en la quijada. Pienso que despreciar la seriedad es como querer vivir eternamente en la primavera; sí, la primavera es hermosa pero las demás estaciones también tienen lo suyo, ¿qué sería de la vida sin el sol de verano, sin los tonos ocres del otoño o sin los sentimientos del invierno?

Y sí, hay que sonreír, no estoy en contra de eso, sobre todo cuando las sonrisas aparecen naturalmente por causa de la extrema felicidad, del placer, del orgullo, de un sentimiento verdadero de admiración, o bien, si trabajas en ventas o en algo donde tu imagen cuenta demasiado. Ahora, lo que hago cuando sé que tendré una situación donde deba verme sonriente es llevar en mi cartera poemas que sé que me arrancarán una sonrisa natural, o pensar en alguna cosa que me haga ver sonriente. Esto se resume en: “Técnicas profesionales de actuación aplicadas a la vida práctica”, finalmente el desafío de este mundo consiste en adaptarse al mundo de la mejor manera posible evitando renunciar a la propia esencia.

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