
De la punta de mis dedos
escuchaste mis verdades,
leíste mis sentimientos
y supiste mis secretos.
De mí, tú lo sabes todo,
piano blanco de ojos negros.
Eres a quien jamás miento
pues las manos me delatan.
Sabes tú cuando en ti tiemblan
por amor o por tristeza,
sabes cuando a alguien esperan,
cuando a otra mano anhelan.
Me conoces como nadie.
Sabes para quién escribo,
para quién son las canciones,
los acordes, los poemas.
Sabes tú para quién toco
la “Para Elisa” de diaro,
la “Barcarola” de ayer
y la sonata de ahora.
Todas ellas tienen dueño:
Aunque toco con los dedos
todo viene desde el fondo,
surge desde muy adentro.
Muchas cosas te agradezco,
piano celoso y llorón:
tu virtuosa compañía
en madrugadas insomnes.
Tu consuelo en tardes tristes,
en mañanas solitarias;
los poemas salvajes
que saltaron entre notas.
Sólo tú sabes quién soy:
la mujer que se enamora,
qué sólo ante ti llora
y a él piezas de amor toca.
Sólo tú sabes quién eres:
El cabello que acaricio,
la cintura que imagino,
ese cuerpo que deseo.
