2014: un año de sembrar

El otro día andaba media chipil; darme cuenta de que ya andamos en diciembre me puso mal; me cayó el veinte de que el año había pasado muy rápido. “Andrea, no has hecho nada”, me dije; me regañé por no haber tenido un año como el 2013, lleno de croquetas para el ego.

¿Qué has hecho pues? Me pregunté. Trabajar, respondí. En efecto, el 2013 fue un año que me dejó muchas cosechas: un título con mención honorífica, un premio, torneos ganados, un puesto, dejar de ser trainee, etcétera. Pero 2014 fue diferente.

El mentado 2014 fue de trabajar mucho, de consolidar todo lo logrado el año anterior, de demostrar que me lo merecía. Me la rifé, compré todos los boletos posibles en la lotería de la vida y algunos salieron, otros no. Fue un periodo de muchos cambios; de romper con el pasado para abrir la puerta a nuevas cosas, de tomar decisiones que no siempre fueron fáciles y de cometer errores que me dejaron enseñanzas.

¡Pinche 2014! Me hizo sudar diario y llorar a veces; pero viéndolo bien, nunca había crecido tanto en tan poco tiempo desde que era un feto; la vida me tuvo en curso intensivo, neta. Si se supone que en el programa normal se aprende una lección cada día, a mi me tocaron diario tres o cuatro. Ni modo, así es cuando quieres vivir en modo “premium”: tienes acceso a mejores contenidos pero hay que pagarlos rifándote más que quienes viven la versión gratuita.

Ya que hice el recuento de todo lo aprendido se me quitó el mood depre; se me ocurrió que el tal 2014 fue un año de sembrar, de llenar la tierra de semillas que seguro traerán algo bueno en otros años; me acordé de todo lo bueno que salió: de los poemas escritos en el metro, de todas las estrategias, dinámicas y demás que hice (aprobadas o no); de las risas, de los momentos chidos, de todo pues.

Y ya después de verle lo bueno a este año tan loco, pensé en todos los que han estado junto a mí; soportando mis intensidades y mis estados de ánimo medio lorenzos. Ellos saben quienes son y les agradezco todo; si lo sembrado hoy algún día llega a cosecharse, les pagaré como se debe. Hoy sólo puedo decirles que los quiero, que me tienen para lo que necesiten, y que esas semillas que he sembrado en estos meses de trabajo también les pertenecen. Gracias por haber sido parte de este año y de esta historia que espero no termine.

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