Querer a la mitad

Cuando sabes que deseas querer pero no puedes; porque no sabes cómo, por miedo a dar algo que no sea recibido o por cualquier otra razón, es cuando te sientes en el limbo.

Aunque ya se ha dicho que el Purgatorio no existe, que es una tomada de pelo inventada por la Iglesia medieval, imagino que la sensación más parecida a deambular por este obsoleto y degradado lugar es la de querer a la mitad.

Querer a la mitad es hacerlo sin asumir el compromiso, sin estar dispuesto a darlo todo, es sentirlo y no expresarlo, y con esto no sólo me refiero a verbalizarlo, sino a buscar cualquier forma para dar salida a esta emoción; las acciones o las palabras son lo de menos. Las emociones generan energía, y como toda energía no utilizada, ésta se transforma en calor, en un calor que nos quema e irrita.

Querer a la mitad es ahora tendencia, un mal de nuestro tiempo; es una una especie de “fast food” emocional, que si bien es práctico, antojable y tan rico como una hamburguesa o unos nuguets, a largo plazo causa daño.

La comida rápida nos engorda, enferma, deforma el sentido del gusto e incluso tiene ingredientes que generan adicción. El querer a la mitad hace lo mismo: enferma el corazón, engorda el ego y nos hace sentir que la vida es más simple y feliz con él. Pero después entiendes que no es cierto.

Sin embargo, nadie enferma en cuerpo ajeno ni experimenta en cabeza de alguien más. a veces es necesario querer a medias para tener el aprendizaje de que esto no es lo mejor, de que hay mejores formas de querer. El vaso lleno siempre será mejor que el vaso a medias.

Querer a la mitad es lo normal, lo de hoy: “no te enamores”, “no te claves” y “no lo des todo” son frases normales. No tarda en llegar el día cuando los sentimientos serán entendidos como enfermedades, como cuestiones anormales. Al paso que vamos, no dudo que algún día que se desarrolle una píldora de libre venta que disminuya la intensidad de los sentimientos con la finalidad de que la gente sea más productiva, consumista y deje de ocuparse en cosas que el sistema considera intrascendentes.

Sin embargo, entrar en esto es una decisión, la única forma de romper el vicio de querer a la mitad es aprenderlo poco a poco, a querer también se aprende, ya lo dijo Fromm: “Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos sí quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería”. Así de simple, pero complicado para quienes se han vuelto sedentarios en el arte del querer.

Entonces, decidamos; pidamos lo que parece imposible, lo difícil: sigamos creyendo en el amor, aunque a veces haya que ser exigentes con la vida.

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