
Juntos abrimos un párrafo.
un texto de oraciones breves,
siempre llanas e inconclusas,
nunca inician con mayúscula,
no se van con punto y seguido,
ni mueren con punto final.
Tampoco han visto una coma,
de esas curvas solitarias,
breves señales de esperanza;
la historia ha de proseguir.
Ellas son sólo una pausa,
entre dos frases que aún se aman.
Con punto y coma, así terminan
las frases de lo nuestro.
Dejan la puerta medio abierta,
la historia queda inconclusa
pero ésta no espera final,
sabe que así puede acabar.
Punto y coma, eso siempre escribo
donde tu nombre se termina.
Nunca hay puntos solitarios
ni comas sin acompañantes.
Sólo «punto y coma», a secas,
siempre juntos, y sólo juntos.
¿A dónde llegará la historia?
¿Hasta cuándo habrá palabras?
No importa, hay otra pregunta:
¿Cuándo anotamos otra frase?
Una que lleve nuestros nombres
seguidos de otro «punto y coma».
11 de agosto de 2015
