Adiós éxito, ¿hola fracaso?

Por primera vez en mucho tiempo estoy en paz, sí… en paz. Ya ni me acordaba que existía esa palabra. Por primera vez en mucho tiempo siento que estoy de nuevo en casa: en mi cuerpo, en mis ideas, en mis valores, quizás en desacuerdo con algunas personas que quiero, pero finalmente he de entender que a pesar de compartir la mesa casi siempre y los genes en algunos casos, ellas no son yo. Nunca podré ser como mi madre y jamás podré dejar de discutir con mi padre, aunque mucho tenga de ellos. Estoy en paz con la idea de que aparecí en sus vidas para romper con sus esquemas y enseñarles cosas que tal vez no habían visto.

Estoy en paz de haberme retirado del camino al éxito porque ese “éxito” del que se habla tanto en las ediciones especiales de Forbes para mí resulta todo lo contrario. Preferí darme de baja de esas materias, no hacer una sola tarea más y cambiarme de universidad.

Dicen que lo contrario del éxito convencional es el fracaso… A mí no me disgusta, prefiero ser una fracasada toda la vida que animarme a tomar los usos y costumbres de algunas personas “exitosas” que conozco. Para mí el éxito es algo diferente, no es una situación que se alcanza sino que se vive; los animales silvestres son exitosos, sin importar lo que hagan, y mantener su vida cada día es una prueba de ello. No son superiores ni inferiores a nadie, sólo ocupan un lugar en el universo y esa es su tarea. Las plantas son los seres más “exitosos” que conozco, dan oxígeno y no se desgastan nada.

Éxito para mí es tener tiempo de tomar un café con mis papás una vez por semana, invitar a comer a mi casa a alguna amiga que se las está viendo negras, o tener una cita linda de vez en cuando. En mi lenguaje también significa levantarme un día a la semana a las 11 de la mañana, quedarme mirando al techo durante una hora y después escuchar música clásica a todo volumen hasta la hora de la cena, mientras me pongo a escribir con la misma ilusión de cuando era adolescente y quería ser escritora.

El éxito que implica sacrificio me da hueva… ¿cuándo han visto a una planta desgastada y medio muerta por tener un extenuante día trabajando en el arduo proceso de la fotosíntesis? Eso no existe, sacrificarse es morir, hacer las cosas con amor, entrega y sólo porque sí es el elixir de la vida.

A veces me han dicho que soy muy soñadora, o demasiado “millennial”, puede ser que sí (y en ese caso las plantas también lo son), pero no puedo renunciar a la época que me formó, es el modo de vida que conozco. A pesar de todo lo diferente que pueda tener con mi familia, ella me enseñó a ser así. No sé si está bien a mal, no creo que todos deban pensar de este modo; cada quien es libre de estar en paz a su manera… yo así lo estoy, pueden buscar mi matrícula en el sistema de la universidad del éxito y encontrarán que un día me fui de pinta y nunca, nunca, volví.

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