Ver la vida pasar

El último día del año me senté a ver la vida pasar. Es muy probable que quienes vivan en la ciudades y sean héroes anónimos de los embotellamientos no conozcan esta costumbre, pero quienes viven en la calle principal de un pueblo nice o en la pasada de la carretera seguro lo dominan muy bien.

Se trata de sentarte en una silla, banca, banqueta o en la barda de tu casa (como fue mi caso) a ver quién pasa. Parece muy tonto, pero en compañía de alguien, esta costumbre es muy entretenida, incluso más que entrar a Facebook o ver la tele… ¡porque es como ver la tele! Pasa fulano, después mengano y después el vecino que no conoces pero que lo saludas por costumbre.

Con mi hermana este ritual es más divertido porque si yo no conozco a alguien de los que pasan, seguro ella sí, y así complementamos las historias.

-Diana, deberíamos de sacar las palomitas, esto está muy bueno.- Le propuse, pero como es tan propia ella, dijo que no. Diana es como una modelo, ella nunca comería palomitas en la calle, y menos si sólo está viendo la vida pasar. Después ella se metió a la casa y me quedé ahí solita, para disimular que estaba haciendo algo útil me puse a medio limpiar el coche, después regresé a mi “palco” y me tomé muy en serio eso de que era día de vacaciones.

En ese momento vi que en un lapso de media hora pasaron como tres camiones del gas… wow, creía que no pasaban más que cada dos días… De verdad, en mi pueblo los camiones del gas son más rogados que una princesa de la Edad Media; hay que llorarles tres días, ponerte tacones y recibirlos con una bacanal para que medio hagan caso y den el servicio; de lo contrario ni te voltean a ver y puedes bañarte con agua fría dos semanas y vivir de sopas Maruchan mientras se dignan a abastecerte.

Cuando vi pasar al mentado camión del gas decidí ejecutar mi buena acción del día y cerrar el año haciendo el bien marcándole a un amigo que lo necesitaba con urgencia. Le llamé, no me contestó, seguro estaba persiguiendo a los del gas…

Mientras reflexionaba filosóficamente sobre el gas empecé a pensar en una serie matemática para entender los números de la calle de enfrente: 27, 25, 22, 50, 45… Estoy segura de que los números de la calle no siguen el orden de los guarismos naturales ni obedecen a la sucesión de Fibonacci… De hecho creo que en el principio de los tiempos las personas pusieron en la puerta su número de la suerte y de ahí los demás se tuvieron que cuadrar. No lo sé.

Después pasó una señora de la iglesia para saludarme y darme el abrazo de Año Nuevo, después una amiga de la primaria, después unos fulanos enfiestados con la música a todo volumen que me invitaron a una fiesta. Me dieron la dirección: estaban en la calle de Fincas número 15. Les dije que los alcanzaba en media hora, la media hora aún no se cumple para mí, el tiempo es relativo y yo ya convertí 30 minutos en 5 días.

Como cinco minutos después salió mi papá a invitarme cordialmente a ir a la Bodega Ahurrera… y como ésa es la tienda que queda cerca, para él es un ritual ir ahí a comprar manzanas y bolillos. Así como hay señoras que se pintan y se ponen sus tacones ir a las tortillas, él se pone elegante (muy elegante) para ir a la “bodega”. Pero bueno, él va a “chacharear” a Ahurrera, yo salgo a ver pasar la vida; cada quien con su tema.

Total, mi programa favorito había terminado. Era hora cambiarle de canal, de dejar de sólo ver pasar la vida y comenzar a hacer una.

Andrea

Una respuesta a “Ver la vida pasar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.