¿Por qué odio los recuerdos de Facebook?

Nunca me han gustado la función de los “Recuerdos” de Facebook, me resulta fastidioso entrar a verla, esa persona que compartía estados depresivos, aspectos privados de su vida y se subía a las tendencias del momento por pura inercia me trauma un poco. Cada vez que rondo por ahí me dan ganas de abrir una nueva cuenta de Facebook para la Andrea del presente y no del periodo jurásico. No me agrada tanto que la compañía de Zuckerberg siga configurando un perfil de mi vida basándose en datos viejos y en crisis existenciales que ya fueron superadas. Pero ni modo, quiero suponer que la inteligencia artificial de Facebook entiende también que las personas cambian.

Frases depresivas, indirectas que nunca debí haber puesto, imágenes tomadas con una cámara de un megapixel y fotos de borracheras que he intentado borrar una por una, haciendo como que nadie se da cuenta. Ese es el contenido que me gustaría que se fuera para siempre, pero ni modo, esa fue la consecuencia de volverse maduro en la época en la que nadie pudo ser tonto de manera anónima.

La gente siempre ha tenido sus épocas intransigentes, el tema aquí es que nadie en el mundo se enteraba más que los papás, los mejores amigos y las personas cercanas. Las redes sociales nos dieron la facilidad de presumir que tan estúpidos fuimos, pero también nos permiten ver, con el paso del tiempo, qué tanto hemos cambiado y en quiénes nos hemos convertido.

Los recuerdos de Facebook me despiertan sentimientos que no siempre quiero, me dan ganas de hablar con la “yo” de ese momento y regañarla, aventarla por la ventana o sólo abrazarla y decirle que “todo estará bien… de verdad no es para tanto”.

Y finalmente veo que pocos de esos recuerdos fueron importantes o realmente impactaron la vida de alguien más, la gente ahora atiende pronto pero olvida rápido. Ya nadie se acuerda y en muchos casos espero que no se acuerden. Realmente, tras quince años de usar redes sociales me doy cuenta que su utilidad principal fue llevar mi propia bitácora, y lejos de conectarme con gente del pasado, me mantienen cerca de las “Andreas” del paleolítico, de la prehistoria de mi vida, esas que a veces quisiera dejar ir, pero que aún siguen apareciendo porque todavía tienen algo que enseñarme.

Andrea

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