La experiencia Oxxo

Tal vez no sea tan hipster-fresa-godines como la experiencia Starbucks, pero hay que decir que la experiencia Oxxo también tiene su nivel: eso de encontrar uno a las tres de la mañana saliendo de la fiesta para comprar unas papas, un lonchibon, o cualquier material que haga falta; eso de pasar en la mañana y con prisa a echar un desayuno hiponutritivo pero delicioso; o la sensación de meterese en uno a la mitad de la carretera con la única finalidad de respirar paz y aire acondicionado. Situaciones comunes pero a la vez extraordinarias son aquellas que han convertido a los oxxos y demás tiendas de conveniencia que viven bajo el nombre de este comodity en un elemento importante de la cultura popular urbana.

“Vamos al Oxxo”, “das vuelta a la izquierda pasando el Oxxo”, “no hay bronca lo compramos al rato en el Oxxo”, “voy al Oxxo”, “esa comida sabe a la del Oxxo”, “se me antojan unos nachos del Oxxo”, y así seguimos con frases oxxosas que ya forman parte del lenguaje diario. Todo mundo entiende la diferencia entre un café del Oxxo y otro de cualquier lado: amargote, quemador y repleto de cafeína, así es el Andatti (la marca del café del Oxxo por si no sabían); todos conocemos la sensación de tranquilidad de encontrar un Oxxo cuando se terminó el saldo de tu teléfono y te urge hablar; y así, hay miles de situaciones en las cuales el Oxxo es el héroe de muchas películas: “Fiesta sin chupe”, “Novia celosa y celular sin crédito”, “No hay nada en el refri”, “¿Traes con…?”, en fin, la filmografía es infinita y nosotros somos los actores.

Sé que muchas personas defensoras del comercio tradicional me han de estar odiando en este momento, y no los culpo porque yo también lo defiendo, pero ¿qué tiendita está abierta a las 2 am para sacarte de líos? Siempre he dicho que el día en el que los pequeños comerciantes adopten la mentalidad de los oxxos, estos desaparecerán: sí, abrir 24 horas, recibir pagos de casi todo, tener todo siempre frío, etc.

Sí, el Oxxo es un modelo de negocio del que todos debemos aprender, incluso podemos verlos como una forma de vida, algo así como la filosofía Oxxo que consiste en estar ahí siempre, en tener una solución para todo y nunca dejar de innovar; antes eran tiendas muy parecidas a cualquier miscelánea, ahora son casi sucursales de banco. En fin, ya llegó mi hora de ir por un café del Oxxo acompañado de unas galletas “de las que estén en promoción”.

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