Reflexión cumpleañera. Gracias a todos por ser parte de mi vida

Para quienes no se acordaron o  Facebook no les avisó, hoy es mi cumpleaños. Sí, hoy cumplo 25, sí ya sé que son muchos, pero como a mí no me gusta crecer pues no importa; cuando cumplí cuatro, determiné que ya me quedaría de cuatro años para siempre porque para mí esa la edad perfecta. Ni modo, crecí, pero la vida me autorizó conservar algunas cosas de cuando tenía esa edad: me siguen gustando los elefantes, desayunar conchas de chocolate en Sanborn´s, ver la película de “La Bella y la Bestia”, comer milanesa de pollo, inventar poemas, traer el cabello despeinado y salir a caminar en la noche; sigo diciendo que algún día en la vida voy a ser escritora, y aún me encantan los vestidos de colores y me chocan los pantalones de mezclilla. Así la vida, muchas cosas siguen siendo iguales que cuando tenía esa edad, pero la mayoría han cambiado.

A muchas personas en los cumpleaños les da por deprimirse, a otras por echar desmadre a morir; yo no soy ni de las primeras ni de las segundas, para mí es un día de agradecer; de dar gracias a Dios y a toda la gente que ha dejado alguna huella en mi vida; de verdad es mucha, es una bandota. También es de pensar, de reflexionar sobre qué hubo podido ser mejor o que deberíamos cambiar, y ahí meditando sobre el tema llegué a la conclusión de que lo único que habría hecho diferente es reírme más y tomar menos en serio las cosas.

Pero ni modo, parte de crecer es eso: darte cuenta de que las cosas que antes parecían ser difíciles, urgentes o muy importantes, resultaron no serlo tanto; como la vez que reprobé matemáticas en la secundaria, me angustié, lloré, me metí a clases particulares, pero resultó ser de las cosas más intrascendentes que me han pasado en la vida; no sucedió nada grave y si hubiera sucedido también habría sido intrascendente: irme a extraordinario, tener que repetir la materia o cualquier otra tragedia habría sido totalmente equis, mi vida sería exactamente igual.

Así tengo muchos ejemplos, hay miles de cosas que ayer me ponían toda loca y que hoy me dan risa, hay muchas situaciones en las que me proyecté de más, demasiadas consecuencias imaginarias que nunca pasaron. Un día le pregunté a mi papá por qué no se preocupaba por nada si tenía doscientos problemas más que yo, y me dio una respuesta que en ese momento consideré demasiado simple: “pues porque no pasa nada, la vida sigue, los melones no dejan de crecer y la señora que vende tamales en la esquina no dejará de pararse diario en el mismo lugar”, y después citó a Churchill, quien en algún discurso dijo que el 90% de las cosas que nos preocupan nunca se aparecen.

Efectivamente, no pasa nada. La vida sigue; buena, mala o regular, pero sigue. Sin embargo, he de agradecer que la mía se ha movido bien; aunque a veces llore y viva preocupada por cosas que mañana serán bobas. Así que, sin tener más rollo para  aburrirlos, les doy gracias a quienes leen esto, pues cada día me inspiran a escribir más y más cosas; sin ustedes no tendría mucho que inventar.

Feliz cumpleaños a mí, y un abrazo a todos.

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