Reflexiones del Día del Comunicólogo

Cuando eres niña y juegas al periódico, a hacer anuncios y a la tele, significa que algo está raro. Después, cuando te conviertes en adolescente y sigues jugando a las mismas cosas en lugar de estar viendo a los niños, quiere decir algo está aún más raro. Luego pasan los años y te das cuenta de que quieres pasar la vida jugando a las mismas cosas, ahí ves que esa “rareza” se llama vocación. Así pasó conmigo.

El otro día mi mamá me preguntó: “Andrea, ¿te arrepientes de no haber estudiado ingeniería, física o alguna de esas cosas que también te gustaban?”. No lo dudé ni un segundo, mi respuesta fue negativa: No, en el fondo yo siempre supe que quería lo mismo, sé que tal vez en este momento estaría ganando más dinero o tendría un muy buen trabajo en otro giro, pero estoy segura de que no habría sido tan feliz como lo he sido hasta ahora.

En otra carrera no habría escrito tantas frases de esas que a mí misma me emocionan, ni habría redactado todos esos textos que de uno en uno me han convertido en lo que soy. Si hubiera estudiado otra cosa, posiblemente no habría hecho todas esas miles de tareas que aún conservo con amor ni habría soportado trabajar casi gratis a cambio de experiencia.

Para mí, la Comunicación es la profesión más bonita del mundo, con todo y sus dolores: duele la cabeza cuando sientes que se acaban las ideas, y también cuando sientes que hasta el aire tiene mala ortografía. Duele cuando rechazan tu trabajo y también cuando la gente te trata como si hubieras estudiado algo de segunda: “¡Ay! Pero si estudiaste comunicación…”, “Tú sólo sacaste el título del MMC (Mientras Me Caso)”, “Tan inteligente que eres y estudiaste lo que todo mundo”. Así hay mil.

Pero aún así, no me veo haciendo otra cosa; amo escribir y no importa de qué: de amor, de política, de viajes, de deportes, de embutidos, de lo que el cliente pida, pues. Así de simple: cuando escribo soy mi verdadera yo.

Hoy que mis amigos empezaron a etiquetarme en cosas del Día del Comunicólogo, aproveché para recordar la razón por la que estoy aquí, y también para agradecer a esta carrera todo lo que me ha dado, lo cual no ha sido poco.

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