Gracias por todo aquello que nunca sucedió

Hoy me siento agradecida, aunque no pude jugar un torneo del que tenía mucha ilusión, por haberme sentido enferma; en lugar de competir, tuve tiempo para descansar y meditar. Fui al club y caminé junto a las mismas canchas que me enseñaron a jugar hace ya ¡20 años!

Al contemplar el paisaje verde formado por las canchas, el pasto y los colores de la lluvia, sentí que el tiempo nunca había pasado por mis piías. Estoy explorando aún como una niña de siete años; el momento se torna especial cuando un garrobo aparece en mi camino, y decido correr tras él.

Ese lugar es mágico para mí, cada planta y cada banca de ese club me conoce perfectamente; con ellos he sido sincera desde hace mucho tiempo, siempre supieron todo sobre mis aspiraciones, metas y también de mis sacrificios. Ellos me vieron entrenar cada día, a veces con un grupo, pero muchas veces sola.

En esos años compartí con cada ladrillo del club mi sueño de ser tenista profesiona, las escaleras fueron mis compañeras a la hora de hacer “steps”, así como la líneas de la cancha soportaron todas mis sesiones de “power ladder”.

Sin embargo, el tiempo pasó y no pude ser el tipo de jugadora que quería, las razones son muchas y pueden ser el tema de un montón de artículos de este blog. Por mucho tiempo, la frustración y la depresión fueron mis compañeras de viajes porque no lograba los resultados que quería. Sin embargo, hoy todo ha cambiado, se ve diferente, al parecer maduré. Ahora estoy pensando que todo lo que ocurrió estuvo bien, incluyendo mis dobels faltas y los errores no forzados de la vida.

Tal vez si hubiese logrado algo más o simplemente diferente, no hubiera disfrutado tanto de mi carrera, ni de la universidad, ni del tenis como lohago ahora: como una forma de vida o como un gran amigo que estará a mí lado de por vida.

Ahora, veo hacia atrás y puedo encontrar que a pesar de que muchos de mis amigos y compañeros de entrenamiento han abandonado las canchas, yo aquí sigo: entrenando cada semana, compitiendo cuando es posible y sobre todo, viviendo la sensación de tomar mis raquetas después de un día largo en la oficina.

Sí, tuve momentos de fastidio, así como de descansos obligatorios causados por lesiones y enfermedades (periostitis, ciática, entre otras palabras de “viejitos”), pero ninguna me ha derrotado eternamente. Aquí ando y lista para jugar con quien sea, no importa si es contra Sharapova (con su respectiva paliza) o contra los niños que llegan a las clínicas. No importa, tenis es tenis, no importa contra quién juegues.

En estos momentos estoy sola en medio del club vacío, el único jugador disponible es un garrobo (sí, otro garrobo). Me siento junto a él y pienso, una vez más: estoy feliz con el tenis, no importa nada de lo que haya sucedido. Justo ahora aprecio todo, agradezco todo: los partidos perdidos, los errores no forzados, las dobles faltas e incluso aquello que nunca sucedió…

Nota: lo de los garrobos no es broma, aquí les presento a mi nueva pareja de dobles:

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Artículo publicado originalmente en tennislines.wordpress.com 

 

 

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