A la mala

Cuando era niña, mi papá me dijo que existen tres tipos de personas: las que entienden a palabras, las que entienden a golpes y aquellas que simplemente no entienden. Él me sobrestimaba y pensaba que hablar conmigo era suficiente, pero no… yo tengo una membresía VIP dentro del segundo grupo: a mí se me pegan las cosas a tablazos, cuando ya a la vida no le queda más remedio que explicármelas con sangre, sudor y lágrimas porque no hice caso cuando los ejemplos era sólo con peras y manzanas.

Sí, a los cuatro años entendí que la plancha caliente no debe tocarse cuando me gané una quemada en el dedo gordo. Aprendí que no debía ir hablando por teléfono en la calle cuando me lo arrebataron de las manos y finalmente, entendí que debía cuidar mi corazón cuando casi pierdo un vuelo por estar llorando en una sala de abordaje.

A la mala es muchas veces mi estilo de aprendizaje, no sé si es un problema de IQ o de soberbia, pero finalmente lo es. Él mundo sería más barato si aprendiera las cosas a la buena, por la vía rápida, sin tanto show, sin llegar ni a primera, ni a segunda ni a la mala.

Varias veces he tratado de aprender a la buena, sólo con cursos teóricos, pero también a la mala he visto que hay cosas que no se aprenden así, tienes que arriesgarte, darlo todo, llegar al límite, y no me refiero a sólo aprender si la plancha caliente quema o es puro cuento.

Todo tiene sus pros y contras, incluso cuando decides aprender a golpes; las lecciones son tan duras que la piel queda marcada, ya no es necesario ir a los libros porque sobre tu piel quedan grabados los apuntes. La información se ve como un “acordeon” tatuado debajo de tu falda, mueves tantito la tela y  lo ves de nuevo todo.  Nadie te cuenta sus teorías, la práctica solita te ha educado.

Sin embargo, a veces es cansado y uno queda adolorido. Con el tiempo, y también a la mala, aprendí que el problema no es querer entender a golpes, sino que a veces conviene y otras no. Una cosa es ser terco y otra tonto; dejar todo a la mala cuando no vale la pena, cuando las cicatrices sólo estorbarán donde podrían caber otras mejores.

 

 

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