5 cosas que le diría a mi yo de hace 10 años

Hace 10 años tenía 18 años y estaba en el último año de prepa. Hace 10 años el mundo era diferente: Facebook era un simple pasatiempo, Google no era lo que es ahora, Netflix creo que ni existía y yo era una mocosa que no sabía ni qué hacer con su vida. Tenía miedo, me preocupaba todo. Ayer estaba pensando qué me hubiera dicho si hablara con la “yo” de esa época. Me di cuenta que quizás no me habría entendido, pero al menos me diría cosas que nadie más me dijo. Las identifiqué fácil, aquí las enlisto, espero que si alguien de esa edad las encuentra le sirvan de algo, o que para mi sorpresa ya las sepa:

1.- El mundo cambia

Sí, si hoy empiezas la universidad, dentro de cuatro o cinco años que te gradúes el mundo será muy diferente. A pocos se nos ocurre ver más allá, pensamos que las cosas serán iguales a como las vemos hoy. Cuando yo empecé a estudiar Periodismo pensé que saldría al contexto que vislumbraba cuando entré, creía ciegamente que de la Universidad pasaría a trabajar en algún periódico y a redactar a la antigua. La gente que me rodeaba no ayudaba mucho, las críticas eran inminentes: “vas a estudiar una profesión saturada”, “elegiste una carrera que deja muy poco”, “casi no hay oportunidades”, “los periódicos van a desaparecer”. Pero, ¿saben qué pasó? Cuando terminé la escuela me topé con cientos de áreas y aplicaciones para mi carrera que ni siquiera existían cuando entré a primer semestre: Redes Sociales, Marketing de Contenidos, Periodismo de Marcas, Televisión vía streaming y muchas cosas más que jamás se me hubieran ocurrido.

Al salir del aula me di cuenta que cientos de agencias de Marketing, compañías de todo tipo, medios y hasta profesionistas independientes necesitaban egresados de Periodismo para poder adaptar sus negocios a la nueva sociedad de la información.

Si hubiera sabido esto, o más bien, si habría imaginado esto, me habría preparado diferente, o tomado decisiones distintas, pero nadie estaba allí para decírmelo.

2.- Nunca te compares con nadie

En esa época vivía comparándome con la demás gente y eso me confundía mucho. No sabía si estaba haciendo bien las cosas o si debía pensar o actuar como alguien más. A veces me sentía mal, en mi generación de la preparatoria tuve compañeros muy inteligentes, y yo me veía “como de segunda” a pesar de mi 9.5 de promedio y las ofertas de beca que todos los días recibía de todo tipo de universidades. Creía que por no estudiar en el MIT como uno de mis compañeros ya no tenía derecho a ser brillante, pero ahora veo que estaba en un error: cada quien es diferente y merece un plan adecuado a su contexto, valores e intereses. En mi caso, lo más importante siempre fue ser libre e independiente financieramente, por lo que mis decisiones se orientaron a poder trabajar desde muy joven.

3.- El tiempo es oro… pero tampoco es tan importante

Un año más o un año menos dan igual. En nada cambia haber terminado los créditos en la universidad en 2015 o en 2016. Aprendí que lo importante es hacer las cosas bien, no rápido. Si tienes que repetir una materia para entender las cosas, no es trascendente. Si quieres tomar un semestre sabático para pensar qué estudiar, tampoco hay gran bronca. Si por salud mental prefieres llevar sólo cuatro materias en vez de seis, ¿a quién le importa? A veces tenemos la idea de que la vida es una competencia y que tenemos que apurarnos para acabar todo antes que nadie. Pero después te das cuenta que no vale la pena vivir para cumplir con el estándar de ir rápido. Tampoco significa que debas tumbarte en el sillón a ver series mientras la vida pasa, pero respirar no tiene nada de malo.

4.- Las opiniones de las personas hablan de ellas, no de ti

Cuando la gente te ve joven siempre se mete. Todo mundo opina y te dice que hagas una cosa u otra. Pero normalmente, esos consejos se basan en la realidad de cada individuo. La gente se proyecta y te cuenta su propia historia a través de la tuya. Escuchar está bien, pero hacer caso a todo lo que la gente opina respecto a tus planes de vida, la verdad no aporta nada. Tú tienes tu propia vida, tu propio contexto y tu propio todo. A veces, ni tus papás pueden darte una opinión acertada porque vivieron cosas distintas. Por ejemplo: mi papá siempre me aconsejaba pensando en que yo tendría una familia pronto porque él tuvo hijos desde muy muy joven… lo cual, ahora que lo veo, no venía al caso conmigo. No es que se haya equivocado en sus consejos, pero sus recomendaciones no tenían nada que ver con lo que yo quería.

5.- Hay más 

Sí, suena tonto, pero hay más… Más carreras de las que te imaginas, más ocupaciones de las que piensas, más caminos de los que conoces, más escuelas de las que ves anunciadas… más personas, más países, más idiomas, más religiones, más libros, más de todo. A veces tenemos sólo una idea del mundo basado en lo que conocemos a partir de nuestro círculo social, vemos una pequeña punta del iceberg, pero, insisto, hay más; existen tantas formas de hacer las cosas como gente en el mundo. Vale la pena escuchar música distinta, conocer nuevas ideas y confrontar las propias, al menos por diversión. No hay nada que perder, pero sí mucho que ganar.

 

 

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