Disney lanza nueva película para ver en el camión

Ayer vi Mulán y me acordé de la última vez que le inventé un cuento a mi mamá sobre una noche de fiesta. Le conté que había ido a casa de una amiga, agregué más amigos con calzador para ocultar que había salido con el fulano en cuestión y agregué un final en casa de otra amiga que no tenía nada que ver. La cara de mi madre fue la misma que puse varias veces frente a la pantalla: “esto no tiene coherencia”, o como me he acostumbrado a decir en lengua pocha: “esto no make sense”.

Creo que quien hizo el guión o es malo inventando historias o estaba trasnochado (como yo esa vez) o necesitaba quedar bien con demasiada gente, o las tres juntas. No sé. Quizás quería o tenía que portarse bien con Disney (Jefe #1), con la opinión estadounidense (Jefe #2) y con el gobierno Chino (Jefe #3). Y dicen que quien intenta dar gusto a todos no logra hacerlo con nadie, y eso creo que pasó.

Cuando terminó la película voltié a ver a mi novio y le dije lo mismo que a mi mamá cuando le conté la historia de la fiesta y me hice bolas con mis propias mentiras: “¿podemos imaginar que esto nunca pasó?”. ¿Podemos quedarnos con la Mulán de antes, con Mushu, los chistes y las canciones?

No voy a dar spoilers ni a escribir un tesis sobre la película (en mi querida universidad seguro ya hay muchos pensándolo), no tengo la autoridad para hacerlo y no creo que valga la pena, como a mi parecer tampoco lo vale pagar 30 dólares por verla ni los millones de dólares que se gastaron en hacerla. Sólo es la “experiencia Andrea” sobre el filme. A quienes no la han visto les recomiendo que se esperen, no sólo a que esté incluida en Disney+, sino a cuando tengan oportunidad de verla en el camión, porque para allá va. La nueva Mulán es una película digna de un Sándwich en el ADO, Estrella de Oro, Pulman de Morelos o cualquier línea de autobuses respetable. Cuenta incluso con espacios designados para quedarse dormido por segundos o levantarse al sanitario. Perfectamente planeada para un viaje de dos horas.

Mi punto de vista es muy simple: quisieron agregar tanta cosa nueva a la película que quedaron cabos sueltos. La historia intenta abarcar tanto que no profundiza en nada, va muy rápido y no deja disfrutar mucho. Los personajes carecen de pies y cabeza, no se profundiza en ninguno y por lo tanto es imposible llegar a empatizar o a tener un favorito. Por otro lado, el misticismo chino es agregado a la fuerza y de una forma muy superficial: se habla del Qí, pero más como un poder mágico que como componente espiritual.

Quiero pensar que se intentó hacer que la película cuadrara con los gustos orientales, pues es claro que Disney quiere echarse a la bolsa a millones de espectadores chinos. Aunque quienes hemos tenido la paciencia de ver cine chino podemos observar que ésta no es la fórmula, menos cuando (como ya dije) se quiere quedar bien con todos.

Respecto al flama política que se ha encendido alrededor de la película, voy a dar mi simples comentarios sobre lo más notable; punto número uno: Liu Yifei hizo comentarios a favor de la policía China en Hong Kong y por eso ha sido el centro de un montón de críticas y hasta boicott. La verdad es que en el contexto en el que esta mujer vive, no le queda de otra. En China para ser famosa e importante tienes que estar con el Partido Comunista y representar sus valores. No hay otra opción, ella es la cara de la versión china del sueño americano y tiene que ser embajadora del “statu quo”.

Punto número dos: Disney ha sido duramente criticado por filmar en el territorio donde vive la etnia uigur, y donde también se le ha detenido y discriminado. Sin embargo, ¿cuánta gente estaba enterada de esta situación antes de que la película saliera a la luz? Muy poca. La contradicción es que esta película que trabajó en conjunto con la mano opresora es la misma que les ha dado voz. Antes se les hostigaba en el silencio, ahora todo mundo habla de ellos.

Es muy complicado el asunto, y más complicado aún que Disney haya hecho un intento por conciliar dos mundos a través de una película, y de una película mala además. Demos la bienvenida a un fracaso más en la historia de Disney, para quienes temen a fallar en la vida deben saber que esta compañía lo ha hecho muchas veces y no pasa nada. La lista de decepciones es muy larga: “El Caldero Mágico” en los ochenta y “El Planeta del Tesoro” en los dosmiles, y ahora se le da la bienvenida a “Mulán” en su versión live action. Al menos pronto tendremos algo nuevo para pasar un rato en el autobús de nuestra próxima excursión.

Andrea

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