¿Por qué es útil saber el teléfono del INE/exIFE?

Para quienes ya no se acuerdan, el INE antes se llamaba IFE. Para quienes aún viven en el 2000, el IFE ya no existe y ahora es la misma gata pero revolcada, lo mismo pero más barato o más caro, yo no sé de eso y poco me interesa saber.

El IFE difunto hizo algunas cosas bien en su vida, como lograr que todo un país se aprendiera de memoria un teléfono que nadie se tenía que aprender, porque ¿quién iba a marcar al IFE? Y si había que marcar por algo obligatorio no era tan difícil hablar a la (también descontinuada) operadora de Telmex para que te lo diera, hojear el directorio telefónico, o más fácil aún, mirar en tu propia credencial del elector. Nada complicado. Pero aún así, la forma en que el IFE luchó por la verdadera democracia fue democratizando su teléfono y haciendo que todos nos lo aprendiéramos.

El IFE tenía anuncios en todos los canales abiertos de la televisión, en las estaciones de radio y en todas partes que terminaban con un jingle que decía así: 01 800 IFE 2000, 01 800 433 2000.

Así fue como el IFE ganó donde las tablas de multiplicar fracasaron, en el inconsciente infantil de los niños de 10 años.

Cuando el IFE cambió a INE el número siguió igual. Si uno no quiere cambiar de teléfono así porque sí pues menos una organización con más de 50 millones de contactos en su celular. Así que el 01 800 433 2000 siguió igual e imposible de olvidar.

Nunca he llamado para nada al teléfono del IFE/INE pero éste me ha sido útil más de una vez en la vida, principalmente en una fiesta para quitarte de encima al borracho raro que intensea para pedirte tu teléfono.

El sujeto en cuestión estaba en una fiesta de Jimena C. Las fiestas de mi muy querida amiga siempre han sido notables por alimentar y embriagar a un pueblo entero, por eso nadie quiere fallar. Empiezan tarde, terminan con el amanecer. En sus fiestas toda la música se vale y si suena la Macarena no es para correr a nadie sino para invitar a más.

En esa bacanal apareció un sujeto raro que me pidió mi teléfono unas 10 veces. Para no quedar mal y quitármelo de encima le di un número, pero ¿qué número me sabía de memoria que no fuera el mío ni el de nadie? Pues el del IFE. Entonces así, tal como lo recordé, se lo dicté. Y él, sin preguntar nada digitó cero uno ochocientos cuatro treinta y trés dosmil. Después de cierto número de mezcales hay gente que no se da cuenta de que el número de la chava que te gustó es una línea gratuita.

En un punto de la noche el sujeto en cuestión desapareció de la fiesta. Nunca lo volví a ver, creo que era pariente del primo de un amigo de alguien pues no me lo topé más en ninguna fiesta de casa de Jime. Obviamente jamás recibí una llamada con invitación a salir de este fulano, quiero pensar que intentó llamame, aún muero de risa (con algo de culpa) cada vez que imagino que este hombre me intentó hablar esperando escuchar una voz femenina normal en lugar del (nada) sexy tono de la grabadora que te contesta al ritmo de “Está usted hablando al Instituto Nacional Electoral… Para Información sobre módulos oprima bla, lalalalala…”

FIN

ANDREA

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