Mi época Shakira

Ver a Shakira hecha trizas me recuerda a mí. Son apenas cuatro años que despertaba con la vida sabiéndome a jabón y escribía poesía cada minuto libre que tenía porque era lo único útil que sabía hacer con el dolor. Me pesaba la situación en que me había metido y más aún no ser capaz de salir de ahí. La solución fue dejar de querer superarlo y aprender a vivir con eso, me di a la tarea de estar triste hasta que me aburriera de estar así. Y el día llegó. 

Así como Shakira, me enamoré de una persona que no estaba disponible para mí. Eso se volvió una relación tóxica que afortunadamente no terminó ni en divorcio ni en demandas millonarias con hijos incluidos, se arregló borrando un número del WhatsApp y cancelando unas tarjeta de crédito. Fácil. 

Decidí no guardar silencio, aunque jamás hice algo tan literal como una canción con nombres incluidos, escribí todo lo que necesité y hablé con todos los que aceptaron escucharme, desde mi mamá hasta los agentes de inmigración. Hasta que un día la herida abierta que se me abría e infectaba en todas partes se convirtió en una cicatriz apenas visible.

Me criticaron mucho, unos me decían que sufría demasiado por gusto, otros que era una indiscreta, y otros más que les daba hueva: “ya supéralo” (era lo que más quería en la vida), “ve a terapia” (por supuesto que iba), “te mereces algo mejor” (¿y de dónde lo saco?), 

Hablar y escribir me hizo escuchar y aceptar las cosas que eran mi culpa y las que no. Me ayudó a entender que si bien era responsable de haberme metido en esa calle de tristeza, algunas cosas que sucedieron ahí no fueron mi culpa. Yo no me busqué ni los desaires ni los malos tratos, esas fueron malas decisiones de otra persona y que me afectaron por haber estado ahí. Es más, empecé a observar muchas faltas de respeto de las que yo no era consciente y que prefería normalizar o justificar. Aprendí sobre el narcisismo y sobre el síndrome de las mujeres que aman demasiado, y gracias a esto pude ver mi problema como una condición que puede solucionarse. Y lo solucioné. 

A Shakira la critican por su cinismo y por sus canciones híper directas, primero la de la “Monotonía“, ahora la de “Bzrp Music Sessions“. Ganar dinero a costa del desamor no es algo nuevo ni prohibido. Muchos lo hemos hecho, quizás no tan obvio, pero se vale. La comprendo y me digo a mí misma: no sólo te pasó a ti. A ella en este momento no le importa ni que la juzguen ni que la cuestionen, porque si no escribe siente que se muere, esa clase de dolor sólo se arregla así. 

Y por otro lado, cuando en su nueva canción menciona que las “las mujeres ya no lloran, ahora facturan”, es entendible que su terapia número dos, después de escribir canciones, ha sido trabajar como idiota, porque cuando alguien te deja, te cambia, te descarta, los problemas del trabajo, las quejas de los clientes, las fallas de las demás personas, son lo único que te manda de vuelta al presente: ese jodido lugar donde no quieres estar, pero que es tu única salida. 

Las canciones de Shakira no son en este momento ni hermosas ni brillantes, en mi opinión se trata de una de las peores, pero van a tocar los nervios de esas personas que hemos entrado al agujero de pena y logrado salir mejores. Ella tuvo su época poética, y ahora está en su momento visceral donde dan ganas de quemarlo todo para empezar de cero. Estar enojado es necesario a veces, ¿o ustedes creen que Cortés estaba feliz cuando aventó fuego a los barcos para que nadie quisiera volver?

¿Quieren ver que cosas tan tristes escribí cuando estaba así? Aquí les dejo claro ejemplo:

Me quedo tranquila de haber perdido la guerra.

De haberme retirado como Napoleón,

porque no soporto más el invierno de tu corazón,

porque me cansé de estamparme con el hielo

cada vez que con el alma te decía «te quiero».

Me quedo tranquila de haber peleado limpio.

De haberlo entregado todo sin miedo,

porque ya sé entonces de qué son mis huesos,

mi cuerpo completo es un ejército

y ante la derrota jamás se desploma.

Me quedo tranquila de que estés olvidando todo.

De que ya no sepas que un día me quisiste.

De que cuando creías que nada tenías, lo mío fue tuyo…

Olvidaste que cuando llorar no podías

para llorar te presté hasta mis ojos.

Me quedo tranquila de que ya no me necesites.

De saber que me buscabas cuando algo no hallabas.

Me siento en paz de que nada es eterno,

todo muere, hasta el amor más sincero,

y el que por ti yo siento, lo enterraré vivo.

Me quedo tranquila de nunca haberte mentido;

de haber confiado en ti como en la voz del oráculo;

de haber sido tuya, y sólo tuya;

de haberte regalado mi vida, aunque no la querías,

pues para ti era todo y lo único que tenía.

Me quedo tranquila de dejarte con Dios,

aún rezaré por ti cada día.

Me quedo tranquila de no haber sido suficiente,

porque pediré todas las mañanas

que llegue alguien que para ti sí lo sea.

Me quedo tranquila de tener el corazón roto.

Me quedo tranquila de que sepas dónde estoy,

de que mi casa y mi dolor también sean los tuyos.

Me quedo tranquila de haber perdido…

Y de perder como pierden los que aman.

“Sentir, Textear, Amar” Pág. 103

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